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jueves, 21 de abril de 2016

La importancia de la razón y los sentidos en el conocimiento

Desde los inicios de la filosofía se discute no solo sobre que funciones cumplen la razón y los sentidos en los procesos cognitivos, sino también si son fuentes fiables de conocimiento objetivo. Estas dos facultades constituyen los dos instrumentos principales con los que contamos para conocer la realidad, ya que es posible separar la aportación que hace cada una de ellas y analizarlas por separado.

Podemos estudiar  las características propias entre conocimiento sensible y conocimiento racional, pero al contrario de su maestro, defiende que los sentidos si son fuentes válidas de conocimiento.  A través del conocimiento sensible se percibe lo singular y concreto, y a través del conocimiento racional se captan las esencias universales de las cosas concretas.

En el Siglo XVII comienza la filosofía moderna con el principal objetivo de elaborar una teoría del conocimiento que permita alcanzar verdades seguras y firmes. En torno a este objetivo también se forman dos corrientes: el Racionalismo y el Empirismo. El Racionalismo, cuyo máximo exponente es Descartes, sostiene que los sentidos no son fuentes fiables de conocimiento objetivo. La razón, por sí sola, prescindiendo de los sentidos, puede llegar a descubrir ideas innatas, absolutamente seguras e innegables. El empirismo afirma que el conocimiento humano no puede traspasar los límites de la experiencia sensible.

En el Siglo XVII Kant intenta resolver el antagonismo entre el Racionalismo y el Empirismo. Su teoría del conocimiento es denominada idealismo transcendental. Distingue dos fuentes de conocimiento, la sensibilidad y la razón o entendimiento, que se necesitan y se complementan. La colaboración de razón y sensibilidad es lo que hace posible el conocimiento objetivo. La propuesta kantiana consiste en defender que la objetividad del conocimiento depende de dos factores que son los datos de la experiencia recibidos por medio de los sentidos, y unas condiciones, formas que hacen posible la experiencia y la comprensión racional de los fenómenos percibidos. 

No podemos saber nada con certeza; sólo la apariencia de las cosas, jamás la realidad. Nuestros sentidos nos permiten ver y sentir las cosas, conocer sus aspectos exteriores, sus apariencias; esas apariencias existen para nosotros. Pero no podemos conocer la cosa independiente de nosotros, con su realidad que le es propia, lo que se llama la cosa en sí . Es imposible afirmar si el mundo exterior existe o no existe.

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